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GENS: un manifiesto feminista para el estudio del capitalismo*

 

 

1. ¿Qué es GENS?

 

Nuestro título apunta a una redefinición de las múltiples capas de significado que históricamente ha tenido el término “gens”. Gens nace como un concepto romano para referirse a la unidad familiar descendiente de un ancestro masculino en común, que luego fue utilizado para hacer distinciones sociales como la del linaje aristocrático. Posteriormente, el concepto fue transformado por Lewis Henry Morgan para fundar los estudios antropológicos de parentesco y revelar el “auténtico” origen matriarcal de la noción de comunidad (Trautmann 1992; Feeley-Harnik 2002). Luego, Friedrich Engels se basó en Morgan para argumentar que las formas patriarcales del gens llevaron a la extinción de los sistemas matriarcales. Gens es, por supuesto, la raíz etimológica de muchas otras palabras, tales como género, generaciones y generar. Para nosotras este término es súmamente útil porque lleva consigo una larga historia de las diferentes formas sociales que se han apropiado de fuerzas vitales humanas y no humanas. Sus usos variados inspiran a la reflexión sobre cómo las representaciones de estas fuerzas vitales han contribuído a formas de desigualdad social. Además, hace referencia específicamente a la historia de las contradicciones entre la autoridad masculina y los lazos femeninos del parentesco que da cuenta de la mezcla entre atracción y generatividad que caracteriza todas las formas de poder social. Finalmente, aunque nuestra aproximación al capitalismo esté basada en análisis feministas sobre género, parentesco y raza, más liberadores (aunque ocultos), y en otras miradas epistemológicas generadas desde las márgenes, al adoptar el término gens jugamos con la ironía de que una unidad patriarcal sea la raíz de la palabra “género”.

 

Gens es un concepto espacioso y flexible, que nos permite mostrar nuestro interés en los poderes generativos del capitalismo y en las desigualdades que crean estas fuerzas. En este sentido, nos enfocamos particularmente en el aspecto generativo del término, el cual se enfoca en los medios y mecanismos -los procesos mismos de generación- a través de los cuales se construyen sistemas y socialidades.

  • Gens: es un colectivo de ascendencia feminista para el estudio de la desigualdad en el capitalismo.

 

2.  ¿Por qué un manifiesto feminista?

 

Es a través de un profundo compromiso con las teorías feministas que reconocemos la necesidad de desafiar la idea de “lo económico” como un campo delimitado. Nuestro enfoque alternativo analiza el amplio rango de fuerzas y prácticas productivas a través de las cuales las personas constituyen sus diversas formas de vida (y desde las cuales se generan y se perciben las desigualdades del capitalismo), mientras buscan hacer realidad la potencialidad de los recursos, el dinero, el trabajo y las inversiones. Vemos esta conversación como una revitalización de las perspectivas substantivistas feministas sobre el campo de lo “socio-económico”  (e.g., Kondo 1990; Mills 1999; Ong 1987; Rosaldo 1980; Strathern 1988; Weiner 1992; Wilson 1999; Wolf 1992). Históricamente, las feministas substantivistas han demostrado que la clasificación binaria de las relaciones sociales como “de mercado” y “de no mercado” era un imaginario limitado y disociado. Aunque sus aportes fueron la base para la crítica de teorías dominantes, ellas no lograron articularlos hacia un análisis más comprehensivo del capitalismo. Desplegar este tipo de herramientas de análisis no solo nos ayuda a desplazar modelos en los cuales el mundo de los hogares, el parentesco y otras instituciones “no-capitalistas” eran concebidos como radicalmente diferentes en sus formas de socialidad con respecto al mundo del “mercado”, sino también nos permite desarrollar un enfoque mediante el cual analizar los aspectos que generan las desigualdades en las relaciones sociales del capitalismo.

  • El feminismo desafía las representaciones discursivas de “lo económico” como un dominio.

 

3. La economía no es una lógica, ni el capitalismo su vehículo.

 

A pesar de los muchos y variados intentos por introducir aspectos políticos, sociales e históricos en los análisis sobre el capitalismo, encontramos que la imagen de una “lógica económica” se presenta una y otra vez como el motor del capitalismo. Lo económico es frecuente e incansablemente visto como una lógica singular que se deriva de un dominio construido previamente, y que se expresa a través de realidades históricas y culturales. Que “la economía” sea concebida como un campo de estudio definido, demuestra que se da por hecho la existencia de dichos mundos imaginados, caracterizados por tener prácticas y lógicas estandarizadas relacionadas de manera coherente. Antropólogos y otros académicos críticos (Ho 2005; Kasmir 1999; Ong and Collier 2004; Tsing 2000) han escrito mucho en contra de estos modelos, demostrando que marcos totalizantes -aunque explícitamente articulados para criticar y desafiar el capitalismo- terminan reproduciendo los sueños capitalistas o lo que Gibson-Graham (1996) han llamado “capitalocentrismo”. De manera alternativa, nosotras entendemos el capitalismo como algo que se forma a través de actos relacionales de fuerzas productivas que van más allá de los modelos, las prácticas y las fronteras económicas formales y de las instrumentos del mercado. En vez de entender el capitalismo a priori, como una estructura, lógica o trayectoria determinante, nos preguntamos por cómo las relaciones sociales que lo conforman son generadas a partir de proyectos de vida divergentes. Nuestra intención no es encontrar un punto específico de origen desde el cual la lógica totalizante del capitalismo se propagó (o se impuso desde arriba), tampoco asumimos que todas las personas actúan con relación a un mismo principio económico. Por el contrario, nos interesa entender las redes inestables y contingentes del capitalismo que nos rodea. Éstas son mucho más frágiles e íntimas de lo que nos habían hecho creer los grandes análisis sobre las contradicciones inevitables y las lógicas económicas deterministas del capitalismo. Esta redes frágiles e íntimas son generadas desde la heterogeneidad y la diferencia, y desde nuestros diversos deseos vitales de llegar a ser cierto tipo de persona, familia o comunidad (ver Narotsky and Besnier 2014).

 

Con nuestro enfoque queremos unirnos a otras intervenciones que la antropología ha hecho como disciplina a estos tipos de debates. Trabajos pioneros han revelado tanto el poder de las prácticas economistas como la diversidad de las relaciones sociales del capitalismo (Dunn 2008; Elyachar 2005; Miller 2002; Mitchell 1998, 2002). Aunque partimos de esta tradición analítica para resaltar diversas búsquedas a valor y el poder constitutivo de establecer fronteras, nuestro enfoque no empieza por el análisis de mercados ni prácticas económicas explícitas. Se centra, por el contrario, en las diversas y amplias prácticas de los procesos de producción y de la vida en general que atraviesan el campo de lo social.

 

En este punto, es crucial reiterar que reconocemos la influencia y el poder del capital. También reconocemos la importancia de los análisis sistémicos y estructurales. Sin embargo, hacemos énfasis en que la estructura per se no es algo previamente formado, sino construido de manera heterogénea a través de procesos de alineación de múltiples proyectos, con fines diversos que incluyen (pero no se limitan a) la acumulación y distribución del capital. Reconocer el poder y las formas estructurales del capital no significa que estemos viendo el capital o el capitalismo como una lógica única, coherente y totalizante.

 

El enfoque gens, es una estrategia concertada para revelar el proceso de construcción del capitalismo -sus desórdenes internos y el duro trabajo que implica el hacer, traducir, suturar, convertir y conectar la diversidad de los proyectos capitalistas- que lo hacen lucir como un proyecto totalizante y coherente. Las representaciones del capitalismo que reconocen estos procesos corren el riesgo de confundir los intereses con las acciones del capital, reproduciendo inadvertida y teleológicamente la mano invisible. Asimismo, nuestras preguntas sobre la inestabilidad y la generatividad nos llevan a comprender de la producción contingente de desigualdades y violencias estructurales. Dar cuenta de la heterogeneidad no significa negar la profundidad y la amplitud de estas heridas, sino intentar explicarlas y, posteriormente, desafiarlas.

  • El capitalismo es en principio una red íntima y diversa de relaciones humanas y no-humanas.

 

4. Las clases sociales son generadas en medio de dinámicas históricas cambiantes de género, raza, sexualidad y parentesco.

 

Un punto central de la antropología feminista ha sido el de afirmar que las clases sociales no existen por fuera de las dinámicas de género, raza, sexualidad y parentesco (Bear 2007; Fernandez-Kelly 1984; Ho 2009; Ong 1987; Rofel 1999; Rubin 1975; Yanagisako 2002, 2013; Zavella 1984). Si queremos entender las relaciones estructurales dentro del capitalismo, necesitamos empezar por comprender los procesos más amplios de relaciones entre humanos y no humanos a través de las cuales se forman. Poner “la clase” como un tipo ideal por fuera de estas relaciones opaca el análisis, una vez más confundiendo el capitalismo con una lógica económica imaginaria y que se superpone a todo lo demás. Las académicas feministas han rastreado cómo los enfoques marxistas -a pesar de ser productivos en otros aspectos- han usado imágenes racializadas, sexualizadas y de género para desarrollar incluso sus más tempranos análisis (Scott 1999; Ferguson 2004; Tsing 2009). Asimismo, la crítica feminista a la noción de naturaleza ha mostrado cómo la capacidad generativa (fertilidad) de la tierra ha sido utilizada con frecuencia para representar y construir distinciones de clase, raza, parentesco y nación (Yanagisako and Delaney 1995; Franklin and McKinnon 2002; Stoler 2002). Ésta perspectiva nos han inspirado de muchas maneras. En particular la usamos para explorar cómo, no solo formas desiguales de ser persona, sino incluso las materias primas y la maquinaria del capitalismo se configuran en encuentros históricos (Tsing 2015).

 

La pregunta por la acumulación es central en nuestra discusión. Nos interesa ver cómo la desigualdad emerge de procesos heterogéneos, a través de los cuales las personas, el trabajo, los sentimientos, las plantas, los animales, y las formas de vida son transformadas en recursos para diversos proyectos productivos.  Reconocemos que dichas transformaciones -aunque tremendamente poderosas- no son siempre completas, consistentes o coherentes. Algunas de estas conversiones son asumidas a través de formalizaciones tales como dinero, contratos, auditorías, curvas de rendimiento y modelos financieros. Otras ocurren a través de relaciones sociales íntimas como el matrimonio, la maternidad/paternidad, la amistad, los regalos y la herencia. No obstante, los mundos, así como los procesos y resultados de estas transformaciones, pueden permanecer divergentes. El estudio reciente de Thomas Piketty (2014) sobre desigualdad de riqueza, documenta el rol fundamental que históricamente ha tenido la herencia de padres a hijos en la reproducción de desigualdad de la riqueza. Sus hallazgos ofrecen una evidencia abrumadora sobre la centralidad del parentesco en la acumulación de capital y las relaciones de clase. La historia que relata sobre la desigualdad en las sociedades capitalistas “líderes” en el mundo es contundente en afirmar que la desigualdad de clase no puede ser entendida o resuelta sin antes prestar atención a otras estructuras de poder, incluyendo esas sucediendo al interior de las relaciones íntimas.

  • Los encuentros históricos son los que producen las estructuras, y no en la dirección opuesta.

 

5. Los instrumentos de conversión no producen la realidad.

 

En años recientes, una gran cantidad de producción académica sobre el capitalismo se ha enfocado en analizar los instrumentos financieros y los modelos económicos. En consecuencia, los análisis se han limitado a los procesos generativos de producción, distribución y consumo, y no han considerado las formas en las que estos procesos hacen parte de relaciones humanas y no-humanas más amplias. En vez de centrarnos en cómo estos modelos económicos producen la realidad o en cómo lo real los excede (dos perspectivas críticas, sin duda productivas, pero limitadas), preferimos entender estas formalizaciones como procesos de conversión entre proyectos de vida diversos. Esta mediación es importante porque da forma a los procesos de acumulación y a las relaciones de clase sin caer en el determinismo. Defendemos la idea de que diversas prácticas de vida, relaciones, experiencias y contextos -moldeadas por el parentesco, el carisma, los sentimientos, el estatus, la raza, el género, la clase, la nación, etc.- se articulan con estos procesos dominantes de maneras inesperadas.

 

También argumentamos que los modelos formales emergen de mundos de vida distintos y no son simples manifestaciones de lógicas particulares. Al contrario, son generadas por experiencias sociales e históricas particulares y, a través de arduos trabajos de traducción y conversión, con frecuencia se vuelven “globales”. Entre tanto, median objetos que parecen abstractos y desconectados de sus orígenes. El poder clave que tienen estos modelos en el capitalismo contemporáneo viene de su habilidad para borrar particularidades y aislar objetos, personas y recursos de sus contextos (Tsing 2015; Bear 2013).

 

La capacidad de los instrumentos de conversión para descontextualizar, hace que diversos proyectos sociales y económicos luzcan coherentes a pesar (y a través) de las prácticas heterogéneas y disgregadas que las constituyen. Uno de los objetivos centrales de nuestro colectivo es examinar cómo estas mediaciones hacen ver al capitalismo como una fuerza consistente. Nuestro enfoque no solo se preocupa por los procedimientos de documentación, las modelaciones matemáticas y los contratos, sino también por los sentimientos y las manifestaciones de las personas, las colectividades y las relaciones sociales que han acompañado siempre estos procesos formales e informales. También miramos más allá de las relaciones de mercado y las formas monetarias de intercambio bajo las cuales se han explorado estas conversiones, para incluir en el análisis el amplio rango de mediaciones que ocurren: por ejemplo, entre la deuda estatal y la deuda social, entre los proyectos humanitarios y la idea de emprendimiento, y entre los no-humanos y los bienes o los recursos.

  • Los instrumentos de conversión median, pero no determinan las formas de socialidad ni las relaciones entre humanos y no-humanos.

 

6. La financiarización es un proceso poderoso, pero heterogéneo y contingente, de captura y conversión.

 

La excesiva influencia de las finanzas en el siglo XXI con frecuencia ha sido entendida como el mayor índice de expresión y de triunfo del las lógicas neoliberales. Sin embargo, las particularidades del posicionamiento de las finanzas son supremamente importantes, y aún continúan sin ser analizadas. Por el otro lado, las finanzas -una constelación de prioridades, prácticas e ideologías que se relacionan, se basan, y buscan convertir bienes ya existentes (y altamente variados) en formas más líquidas de capital- tienen una larga historia. La financiarización, es importante aclarar, hace referencia al incremento y a la creciente influencia de las finanzas, y, específicamente, al aumento en las conexiones, traducciones e interacciones entre un modo financiero de percibir el mundo y otros ámbitos sociales (Ho 2015).

 

Mientras que nuestro enfoque en la generatividad del capitalismo aborda de manera directa los grandes cambios socioeconómicos que han hecho que las instituciones, los recursos naturales, las entidades gubernamentales, la educación, la jubilación, etc. sean cada vez más dependientes de los productos, instrumentos de medición y formas de valor financieros., también insistimos en que los procesos de financiarización son irregulares, específicos y contingentes. Adicionalmente, este incremento (i.e. en la influencia de las finanzas a nivel institucional, regional y global, así como su énfasis en las subjetividades individuales) depende de transformaciones culturales, materiales, políticas y legales, múltiples y no-lineales, que deben ocurrir para permitir las conversiones desordenadas de objetos no financieros.

 

¿Cómo el hecho de investigar la transferencia del riesgo a estos mundos de vida heterogéneos nos ayuda a entender los procesos de financiarización de una manera diferente? ¿Será que una reevaluación de la toma de riesgo en las finanzas y su configuración histórica nos permite repensar las lógicas supuestas y las narrativas dominantes de la financiarización? Definitivamente, sí y sí. Por ejemplo, si la imposición generalizada de crédito subprime dependiera, en parte, del encuentro histórico con exclusiones racistas, así como de la recuperación productiva y la diferenciación activa de este trauma (mientras se reproducen sus efectos) para lubricar la conversión de los ingresos familiares y las relaciones (especialmente entre los afroamericanos) hacia las finanzas, entonces podemos comenzar a ver cómo la financiarización es integralmente una historia de los hogares, la raza y la fabricación de riesgos. De hecho, varios productos financieros y formas de asesoría se basan en (y permiten) conversiones que ocurren dentro de los hogares y que median el mercado y la familia (Han 2012; James 2014).

  • La financiarización es la implementación de formas específicas de valor financiero a nuevos ámbitos, fracturando así imaginarios del capitalismo como algo separado de otros lugares de producción múltiples e interconectados, tales como el hogar, las corporaciones o la educación.

 

7. El trabajo inmaterial y afectivo es viejo y nuevo a la vez.

 

Una visión crítica integradora de los poderes generativos en los que se basa la producción de valor capitalista, también nos lleva a desafiar afirmaciones recientes sobre una transición histórica del capitalismo de una era industrial en la cual el “trabajo industrial” era dominante a una era “post industrial” en la que el “trabajo inmaterial” se convirtió en el orden hegemónico. Estas narrativas sobre una transformación capitalista, se basan en el declive del sector secundario (producción industrial) y en el incremento simultáneo del sector terciario (industria de los servicios) que ocurrió desde la década de los 70s en las principales economías capitalistas del mundo. Debido a que en la industria de los servicios, desde el sector de la salud y la educación, hasta las finanzas y el transporte, no se producen bienes materiales o duraderos, el trabajo en este sector ha sido clasificado por algunos académicos como trabajo inmaterial. En una “economía de la información”, las relaciones sociales, los sistemas de comunicación y las redes afectivas y de información han hecho, supuestamente, que el trabajo inmaterial se haya vuelto cada vez más crucial y, por tanto, mejor valorado (Hardt and Negri 2000).

 

Sin duda, las discusiones sobre el trabajo inmaterial y afectivo reconocen las críticas feministas tempranas sobre las limitaciones de la noción marxista de trabajo, y reafirman el argumento de que el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres es tan socialmente productivo como el trabajo industrial. Al mismo tiempo, sin embargo, construyen una dicotomía en la cual el trabajo inmaterial está impregnado de afecto, mientras que el trabajo industrial es impermeable a los afectos. Este enfoque atribuye de manera errónea diferentes energías creativas y poderes comunicativos como inherentes a las formas de trabajo.

 

Estas discusiones sobre el trabajo afectivo ignoran el hecho fundamental de que la distinción entre “la acción instrumental de la producción económica” y “la acción comunicativa de las relaciones humanas”  (Hardt and Negri 2000, 293) son en sí mismas construcciones ideológicas que esconden la existencia de una dimensión comunicativa en toda acción humana, incluyendo la producción y la distribución capitalista. Tratar esta distinción ideológica como si fuera una diferencia objetiva desconoce el argumento más importante que han hecho las académicas feministas: que es precisamente a partir de esas distinciones categóricas entre acciones y actores humanos que se genera la desigualdad (Yanagisako 2012).

  • La categoría de trabajo inmaterial (afectivo) crea una dicotomía falsa que le atribuye de manera errónea diferentes energías creativas y poderes comunicativos como inherentes a los tipos de trabajo, ordenándolos en una jerarquía de valor.

 

8. Los tiempo-espacios del capitalismos son heterogéneos.

 

La primera ola de teorías sobre el capitalismo “neoliberal” escribieron sobre los lugares globales de trabajo como una epítome de la compresión y aceleración del espacio-tiempo que caracterizaba las nuevas formas de producción y las nuevas tecnologías (Castells 1996; Harvey 1989). Otros autores sugirieron que todas las experiencias sociales estaban suspendidas en un presente superficial caracterizado por una evacuación del futuro cercano y lejano (Guyer 2007). No obstante, análisis etnográficos de espacios de trabajo tercerizados, conectados y financiados globalmente revelan una realidad diferente. Aunque en las nuevas tecnologías y estrategias administrativas el espacio-tiempo comprimido y acelerado aparezca como una fuerza externa a la sociedad, su implementación en los lugares de trabajo lo ha puesto en relación con prácticas complejas de tiempo-espacio (Upadhya 2009; Zaloom 2006). No existe un tiempo-espacio social único y uniforme en el capitalismo contemporáneo. Al contrario, existen paisajes temporales en los cuales intentamos (a través del trabajo en y sobre el tiempo) coordinar actividades humanas y no-humanas (Thrift and May 2001; Bear 2014).

 

Aún a pesar de que diversos paisajes temporales se hayan abierto hacia análisis de este tipo, todavía existe un vacío en nuestro entendimiento de cómo estos paisajes temporales se intersectan en la práctica. Más específicamente, nos hace falta rastrear cómo las policronías del capital financiero, los instrumentos tecnológicos, los instrumentos de predicción, las representaciones del tiempo, las disciplinas sociales, los recursos no-humanos y la reproducción social han sido mediados dentro de los lugares de trabajo y dentro de las comunidades en general. Esta brecha resulta problemática porque sin un análisis de las contradicciones y las negociaciones de estas policronías no podemos explorar dos elementos clave de la vida económica contemporánea: el aumento en la incertidumbre de los procesos de acumulación de capital; y la centralidad de los ritmos del crédito y el déficit en la productividad (Bear 2014; Graeber 2012; Roitman 2003). Adicionalmente, prestar atención a estos asuntos debería debilitar cualquier idea de que una economía del tiempo o de la velocidad -la más grande simplificación de la lógica de la eficiencia- es el corazón del capitalismo. Por el contrario, debemos ser capaces de explorar la heterogeneidad de los ritmos, duraciones, formas de esperar, pausas, obsolecencias, y demoras que también caracterizan los ritmos generativos del capitalismo.

 

  • Las contradicciones tiempo-espaciales del capitalismo son múltiples y están mediadas por el trabajo humano en y sobre el tiempo.

 

Referencias

 

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*Este artículo fue publicado originalmente por Cultural Anthropology

https://culanth.org/fieldsights/652-gens-a-feminist-manifesto-for-the-study-of-capitalism


​** Traducción por Giselle Figueroa

 

 

 

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